El trauma no es únicamente una experiencia individual, sino también una realidad colectiva moldeada por nuestras historias familiares, las injusticias sociales y las estructuras culturales y políticas en las que vivimos. Nuestros cuerpos guardan tanto nuestras heridas como nuestra capacidad de resiliencia, conexión y cambio. Al transformar nuestros patrones de supervivencia y ampliar nuestra capacidad de presencia, podemos participar de manera más consciente, compasiva y efectiva en la construcción de una sociedad más justa.
Cada mes nos reuniremos en torno a una problemática social concreta combinando reflexión crítica, diálogo comunitario y prácticas somáticas.
A través del movimiento, la respiración, la meditación, la voz, la expresión corporal y la conexión y contacto con otras personas, cultivaremos recursos individuales y colectivos para regular nuestro sistema nervioso, sostener la incertidumbre y la complejidad, atravesar los conflictos con mayor conciencia y transformar la impotencia por las injusticias sociales en participación activa.
Una oportunidad colectiva de cohabitar cuerpos y comunidades capaces de imaginar, sostener y encarnar nuevas formas de convivencia basadas en la dignidad, la justicia, la interdependencia y el cuidado mutuo, porque nuestro cuerpo es un lugar donde la historia se manifiesta, pero también un lugar desde el que podemos crear futuro.